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Entrevista de cambio más significativo: David Ezquenazy Bouzas

La experiencia de David, psicólogo comunitario, en el proyecto de Aprendizaje-Servicio «Vite a ceo aberto.Fase V»

  1. David, un placer saludarte. Eres estudiante del Máster en Psicología, en especialidad de intervención social y comunitaria. En el curso 2024/2025 has participado en el proyecto de ApS “Vite a ceo aberto”. ¿En qué ha consistido? ¿Cuál ha sido tu papel?

Buenos días, en primer lugar gracias por la entrevista porque me da la posibilidad de repensar esta experiencia. Se trató de un encuentro que en términos de la psicología se denomina Aprendizaje-Servicio, vinculada a la materia Participación Ciudadana, Apoyo Social y Voluntariado del Máster. La cual estuvo coordinada por la profesora Cristina Gómez Román, en colaboración con el equipo técnico que lleva adelante “Vite a Ceo Aberto” de Farmamundi.

El trabajo consistió en diseñar e implementar actividades participativas para el club juvenil en el barrio de Vite. El objetivo fue la búsqueda de la participación juvenil, fortalecer la identidad grupal, la convivencia y el aprendizaje. Para ello planteamos una gymkhana participativa, orientada al desarrollo de habilidades sociales, como la comunicación asertiva y la resolución de problemas, así como también a promover el apoyo mutuo y la toma de decisiones colectivas. La particularidad de la intervención es que fue una propuesta elaborada en conjunto con los jóvenes, quienes sugirieron la idea de organizar una jornada con estas características. Tuvimos una tarde soleada en el parque  del barrio de Vite y eso nos brindó el marco ideal para compartir una tarde maravillosa.

Mi papel, por un lado, fue diseñar junto a mis compañeras la actividad y luego implementarla también junto a ellas: trabajé en la preparación de la estación-actividad dentro de la gymkhana (metodología, materiales y tiempos). Fui uno de los dinamizadores de las estaciones que diseñamos y, una vez finalizada la actividad, participé en la evaluación posterior que realizamos todas las profesionales.

  • Desde que comenzaste a colaborar con el proyecto, ¿cuál ha sido el cambio más significativo en ti, tanto a nivel personal como a nivel profesional?

Desde que comencé a colaborar con el proyecto, creo que el cambio mas significativo fue pasar de un enfoque más académico a una forma de trabajo aplicada y práctica; es decir, la posibilidad de materializar lo que imaginamos en el aula.

A nivel personal, me impactó, una vez más, comprobar cómo, cuándo se generan espacios seguros y genuinamente participativos, las personas se implican con una motivación muy alta. Nos incorporamos a una actividad puntual y, al principio, me generaba inquietud cómo podía ser la aceptación por parte de ellas, de este grupo numeroso que, en una sola jornada, tenía que darse a conocer, conectar, entusiasmar y acompañar.

Como psicólogo confío mucho en la potencialidad de los espacios (de hecho creo que es en lo que más confío): en trabajar y disponer un espacio para el encuentro y para la conversación. Vengo pensando la conversación como algo que no se detiene; como un diálogo donde hay palabra y escucha, y donde cada evento puede formar parte de algo más grande. En ese sentido, actividades como la de universitarios/as compartiendo con jóvenes dejan algo más que lo que ocurre en el presente: pueden despertar inquietudes, abrir preguntas, sembrar algo que quede para el futuro.

Me parece que se trata de espacios que instalan un “modo” de vincularse que en sí mismo ya es saludable, especialmente para personas que están en pleno desarrollo y que en poco tiempo pasarán a ser adultas.

Jean Oury habla de la hospitalidad: la idea de que un espacio no es solo un lugar físico, sino una forma de recibir al otro, de hacerlo sentir esperado y legitimado, con lugar para su palabra y su singularidad. Creo que en el proyecto pudimos acercarnos a esa lógica: generar condiciones para que el grupo se sintiera acogido, y desde ahí facilitar la participación y el encuentro. Y, honestamente, me parece que esos espacios no son solo necesarios, sino urgentes, sobre todo en contextos donde muchas veces predomina la falta de lugares de escucha real. Una formulación en clave psicoanalítica sería: espacios que alojen.

  • ¿Podrías destacar algún momento concreto del proyecto que represente ese cambio para ti? ¿Por qué fue relevante?

No sé si hubo un momento puntual, más bien fue algo que se fue confirmando durante toda la experiencia. En lo académico suele predominar mucho el estatuto del saber: el saber como algo que se “tiene”, muy ligado al saber científico y a la idea de que uno llega con respuestas. Algo de eso, por supuesto, existe y es necesario, pero pasar del papel a la realidad me hizo ver con mucha claridad que el saber, en intervención social, es necesariamente compartido.

En ese compartir, muchas certezas se diluyen y el conocimiento se co-construye. De alguna manera confirmé que ese saber que uno cree tener se entremezcla con los saberes del otro: no sólo en términos de conceptos o ideas, sino también en lo más concreto del encuentro. Se nota cuando el grupo responde con gestos, con comodidad o incomodidad, cuando acepta, rechaza o propone algo que para ellos tiene más sentido. Ahí el plan se rompe un poco y eso, lejos de ser un problema, es lo relevante: te obliga a escuchar, a ajustar y a reconocer que el dispositivo funciona cuando se “negocia” con el grupo.

Eso fue representativo del cambio para mí porque me movió de una lógica de “aplicar lo que sé” a una lógica de “construir con el otro”.

Debo confesar que me resulta gracioso que pasamos años y años estudiando para finalmente aceptar que no se sabe tanto como se pretende. En este tiempo vengo pensando que esa esa es una posición indispensable para ejercer como psicólogo.

  • ¿De qué manera tu trabajo en el proyecto ha transformado tu mirada sobre el papel de la psicología comunitaria en proyectos de educación para la transformación social en la universidad y en nuestros barrios?

Está un poco vinculado a lo que decía anteriormente. Mi trabajo en el proyecto me cambió la mirada porque confirmé que, en psicología comunitaria, el papel no es “aplicar” un saber desde la universidad, sino construirlo con el barrio. En la práctica, el estatuto del saber se descentra. También se aparta uno del centro como profesional. Lo que uno cree saber se pone a prueba y se mezcla con los saberes del grupo, que aparecen en sus gestos, en lo que aceptan, rechazan o proponen.

  • ¿En qué medida esta experiencia ha influido en tu identidad profesional?

Me hizo pensar en distintas formas de intervenir y en proyectos que podría hacer, no solo desde lo clínico individual, sino también desde lo comunitario y lo psicosocial. Y me dejó una idea clave: intervenir no se trata de “venir a resolver un problema”, sino armar las condiciones para que se generen vínculos, apoyos y procesos que sigan funcionando más allá de esa actividad puntual.

  • ¿Desde tu punto de vista, ¿qué impacto crees que ha tenido el proyecto en la comunidad con la que trabaja?

Creo que el impacto fue más bien micro, pero no menor: por un lado, ofrecer un espacio cuidado donde las chicas pudieran participar, reírse, moverse y decidir cosas en grupo. Y, por otro, reforzar algo que a veces falta: sentido de pertenencia al club y la idea de que su palabra cuenta. Aunque sea una jornada, cuando una experiencia se vive como “esto lo armamos entre todas”, deja huella en términos de confianza y participación.

  • ¿Podrías destacar un momento, un mensaje, una frase, una conversación… que resuma el significado del proyecto “Vite a ceo aberto» para ti?

Si tuviera que resumirlo en una frase, sería: ‘lo estamos intentando’. Porque muchas veces buscamos resultados evidentes, inmediatos y medibles, y esta experiencia me hizo pensar más en clave de largo plazo. Siento que algo de ese espacio queda, tanto en las jóvenes como en nosotros: habilita un campo de posibilidad. Se transmite un modo de estar, de habitar y de compartir que cada quien se lleva, y eso quizá no se mide fácilmente, pero no por eso deja de afectar, de tener efecto. Me gusta pensar que, a futuro, algo de ese encuentro queda en todos nosotros/as.

¡Muchas gracias!

PD: Actualmente estoy trabajando en un proyecto propio que me entusiasma mucho: “En el Aire”.

Es un proyecto de radio y podcast con enfoque psicosocial, pensado para trabajar con diversas poblaciones. Me interesa especialmente porque pone en el centro la importancia de encontrar la propia voz: no solo en el sentido literal de hablar frente a un micrófono, sino en el sentido de animarse a decir, a nombrar lo que a uno le pasa, a ensayar una posición y a construir una narrativa propia.

El podcast como metodología me parece potente porque sostiene esa conversación de la que hablaba: obliga a escuchar, a ordenar ideas, a elegir palabras, y a producir algo con otros. Y yo no lo vivo como “hacer contenido”, sino como un dispositivo para crear un espacio cuidado donde circule la palabra, se fortalezca el vínculo y aparezca participación real.